Kibutz

Recordando mi época bananera en el Kibutz

Hace casi 40 años, dirigí la plantación de bananas de mi kibutz, Gaaton, en la Galilea occidental. Producir bananas no es un trabajo. ¡¡¡Es una forma de vida!!! Levantarse temprano, recorrer la plantación, comenzar a regar, realizar todas las actividades del día con un equipo de jovenes extraordinarios. Desayunar en el campo, en la cabaña de madera que nos servía de oficina, deposito, cocina y comedor. Todos los días bajando del kibutz decenas de huevos (digo bajando porque la galilea es una zona montañosa y el casco del Kibutz estaba unos metros más arriba que las parcelas de bananas) para que uno de los muchachos preparara el desayuno para los 10 que estábamos en el campo. Todos los días 3 o 4 huevos por persona ¡¡¡Y nuestro colesterol no aumentaba!!! Es que trabajar en el campo en uno de las actividades mas exigentes al cuerpo humano no solo es reconfortable, sino que es saludable. Añoro esas épocas de cargar dos racimos de bananas, uno en cada hombro, para llevarlos a la plataforma que los conduciría al centro regional de clasificación y comercialización. ¡¡Que espalda ancha y fuerte que tenía!! Cuando dejé las bananas para dedicarme a otra actividad (riego, que merece otra explicación) … se me cayó toda la espalda al vientre, y nunca mas pude deshacerme de esa caída. 

La conferencia de esta semana con productores de plátanos del Soconusco, Chiapas, me recordó mi etapa de bananero en el Kibutz. Innolvidable. Así comenzó me experiencia en la agricultura, que me acompaña en mis actividades hasta hoy.

Las fotos son de esa época, de los años 70. Hoy, producimos en casas sombra, con nuevas variedades, con Startup que producen soluciones para ahorrar agua, para evitar hongos, para facilitar la cosecha. Todo mas fácil, pero sigue siendo una extraordinaria forma de vida

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